Llevo muchos años viviendo sobre la faz de la tierra 
y miles mas viviendo en las tinieblas eternas...
Soy un alma solitaria y creo que seguiré así hasta el fin de mis tiempos...
Me gusta alimentarme al despertar...
Y nunca me alimento de la sangre de los animales...
No hay nada que me sacie mas que la sangre de los humanos...
La noche es parte de mi esencia...Su oscuridad es mi cómplice... 
Y la luna es mi amada eterna... 
Uno de mis placeres son los libros y la observación nocturna...
Se que tal vez no lo creas...Pero soy la madre y reina de los vampiros...
Si es que aún quedan de ellos sobre la faz de la tierra...
Puedes seguir tu camino o detenerte ante mi...Y caminar a mi lado...
Seras aceptado solo si crees en la magia...
Si es así...Sigue mis pasos...En este mundo que ante ti se abre..

martes, 15 de noviembre de 2016



La Leyenda de Ossián


Ossián fue uno de los pocos mortales a quien invitaron a Tir Nan Og, una de las islas de las hadas. Era hijo de Fingel, jefe de los legendarios guerreros fenianos de Irlanda. Habían salido un día los fenianos de caza cuando se les acercó una mujer de sin par belleza. Era Niamh de los Cabellos de Oro, hija de Manannan, que, entre todos ellos, eligió a Ossián como amado suyo. Le pidió que montase a la grupa de su feérico corcel y cabalgaron sobre la tierra hasta el mar y luego, a través de la cresta de las olas, hacia la isla encantada de Tir Nan Og, la más deliciosa y afamada que pudiera hallarse bajo el sol. En su viaje contemplaron paisajes prodigiosos. Sobre la superficie del mar se alzaban los palacios de las hadas. Ante uno de ellos, Niamh pidió a Ossián que libertase a una damisela del reino de Danann, damisela que estaba prisionera de Fomor, uno de los demonios de los abismos del mar. Ossián luchó contra Fomor y libertó a la joven.

Pronto llegaron a Tir Nan Og y allí permaneció Ossián durante trescientos largos años sin acordarse de su patria ni de los fenianos, hasta que de pronto sintió el vivo deseo de volverlos a ver. Pidió licencia para visitar su suelo natal. Niamh le falicitó un espléndido corcel para el viaje, pero advirtió a Ossián que de ningún modo permitiese que sus pies tocasen el suelo terrenal. Ossián dio su palabra de que se acordaría de ello y llegó velozmente a Irlanda. Sin embargo se encontró con que todo había cambiado en la tierra que recordaba. Fingel y los fenianos habían venido a ser una leyenda del pasado. Se había librado la batalla de Gabhra y San Patricio había convertido al país al cristianismo. Hasta los hombres parecían distintos, más pequeños, casi enanos, comparados con los que recordaba. Vio Ossián tres de ellos que intentaban en vano levantar una enorme piedra. Se inclinó para ayudarles a levantarla con una mano, pero se rompió la cincha de la silla y cayó al suelo. Inmediatamente, desapareció el mágico caballo y Ossián se transformó en ciego y anciano.

Varias baladas CUENTAN como San Patricio halló a Ossián desamparado en el terrestre suelo, sin remedio en su vejez, y se lo llevó a su casa. El santo hizo cuanto pudo para convertir a Ossián al cristianismo, describiéndole las maravillas del cielo que podrían ser suyas con sólo que se arrepintiese. Pero Ossián contestó que no podía concebir un cielo que no se sintiese orgulloso de recibir a los fenianos si se les apetecía entrar en él, ni un Dios que no se sintiera honrado en contar a Fingel entre sus amigos. Si no obstante así sucedía, ¿qué objeto tenía una vida eterna sin salir de caza y sin cortejar a las mujeres hermosas? Preferiría ir al Infierno, donde, según San Patricio, sus camaradas fenianos yacían atormentados, y morir como había vivido.

Este relato se sitúa entre los siglos IV y V de nuestra era, cuando San Patricio recorrió toda Irlanda cristianizando a los celtas que vivían en ella por aquel entonces.


La leyenda de las Gwragedd Annwn

En otros tiempos, todas las mañanas del día de Año Nuevo, podía verse una puerta abierta en una roca próxima a un lago de Gales y los que se atrevían a entrar llegaban a un pasadizo secreto que les conducía a una isla pequeña situada en medio del lago. Allí se encontraban en un primoroso jardín habitado por las Gwragged Annwn, que festejaban a sus huéspedes colmándolos de todo género de frutas y flores y deleitándoles con una preciosa música. Las hadas revelaban a sus visitantes asombrosos secretos y les invitaban a permanecer allí todo el tiempo que deseasen. Ahora bien, les advertían de que la isla era un secreto y de que nada podía sacarse de ella. Sucedió un día que un visitante del mágico jardín, se guardó una flor en el bolsillo que le habían ofrecido, pensando que le daría suerte. Pero en el momento en que tocó de nuevo la tierra profanada, desapareció la flor y el cayó al suelo inconsciente. A los demás huéspedes de la tierra encantada, los despidieron con su habitual cortesía, pero desde aquel día la puerta que llevaba al hermoso jardín, se cerró PARA siempre.

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